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El mayor impacto de la pandemia COVID-19 ha sido exponer el atraso del gobierno digital en la administración pública. La falta de datos confiables y actualizados para la toma de decisiones; la carencia de sistemas de información de salud; los de miles de trámites gubernamentales que están detenidos y que podrían llevarse a cabo en línea; pero sobre todo la falta de una organización virtual del gobierno en todos sus niveles, ilustran el escaso interés que existía por implementar y desarrollar el e-gobierno.

Ahora, el enorme desafío que implicará operar una administración pública en un entorno tan adverso como el de una posguerra, implica la urgencia de enfocar todos los esfuerzos para operar en un gobierno digital, que gaste muy poco y sea altamente eficiente tanto para los servidores públicos como para los ciudadanos en corto tiempo.

La amenaza del contagio por COVID-19 ha obligado al trabajo en casa. Ha forzado las reuniones en línea, la colaboración e intercambio de datos a través de internet, obligando a la comunicación por plataformas digitales. Esta situación rompe el paradigma del trabajo tradicional. Cambia la idea de que el gobierno digital solo era útil como un canal de comunicación barato donde hacer publicidad del gobierno.

Hoy las oficinas gubernamentales en muchos países de mundo saben que gran cantidad de sus juntas eran inútiles, que muchos proyectos pudieron hacerse en menos tiempo, que las decisiones que tomaban horas podían resolverse en minutos en linea. Pero sobre todo, que estaban perdiendo mucho dinero en reuniones cara a cara que sólo servían para justificar un modelo de trabajo ya rebasado.

“La enorme administración pública con cientos de edificios, despachos y salas de juntas están a punto de experimentar la transformación digital de sus centros de trabajo, de su personal para lograr la eficiencia de sus recursos”.

El experimentar esta forma de trabajo está rompiendo la idea de que trabajar en casa era ser irresponsable, flojo e improductivo. Era indispensable estar presente aunque no se hiciera nada. Ahora más que nunca, el ahorro en compra y mantenimiento de edificios, equipo de cómputo, traslados y movimientos que eran un gasto innecesario están a punto de cambiar.

La enorme administración pública con cientos de edificios, despachos y salas de juntas están a punto de experimentar la transformación digital de sus centros de trabajo, de su personal para lograr la eficiencia de sus recursos. De no hacerlo está condenada al fracaso, por que los gobiernos del resto del mundo habrán de reducir sus costos y ser más eficientes ante la magnitud de una recesión inédita, que requerirá todos los recursos disponibles para enfrentarla, además no podrán darle a los ciudadanos la respuesta a las necesidades que demandan.

Las primeras señales en esta dirección ya se han dado, el Departamento de Salud y Servicios Humanos en Estados Unidos, están eliminando los requisitos de papeleo, informes y auditoría para agilizar los servicios de salud. Lo que es más importante, docenas de servicios médicos pueden ahora ser proporcionados a través de la “telesalud”.

Para enfrentar la pandemia ha sido necesario comunicarse eficientemente con los ciudadanos, aprender de lo que pasa en sus comunidades, ver como se puede hacer frente a esta terrible crisis de salud y económica y para ello, la mejor herramienta es la tecnología.

La transformación digital de la administración pública ha llegado de pronto y sin previo aviso, pero es hoy más urgente que nunca para lograr tener los datos precisos, las decisiones más exactas para garantizar la estabilidad político social de los países y el desarrollo humano de sus habitantes, no hay otro camino, al igual que el confinamiento, la única solución para enfrentar los retos del gobierno deberá pasar por la tecnología.


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*Publicado en el Numero Especial de la Revista U-Gob Especial de Cuarentena